viernes, 16 de febrero de 2018

7 sogas para salir de cualquier pantano ^_^



Natalia Molinero


El otro día escuché una historia...

...sobre un hombre que cae a un pozo y cuando ve que no puede salir empieza a pedir ayuda y socorro. 

Pasa un médico y se asoma:

—¿Qué le pasa?

—Me caí, venía distraído y no me di cuenta dónde pisaba. ¿Me puede ayudar?

—¡Claro! Yo lo ayudo —dice el médico, saca su libreta, anota unas cosas y tira la receta al pozo—. Tome esto. Si en treinta días sigue con los síntomas, me avisa y le escribo otra receta. 

Al rato pasa un terapeuta y al escuchar el pedido de auxilio, se asoma.

—¿Qué le pasa?

—¡Señor! Me caí al pozo y no sé cómo salir —dice el hombre, más asustado ahora porque se viene la noche y él ahí adentro—. ¿Me ayuda, por favor?

—Claro que sí. A ver —dice el terapeuta y se sienta al lado del pozo. Saca su cuaderno y empieza a preguntar—: Dígame, ¿qué se siente estar adentro de ese pozo? ¿Cómo es la relación con sus padres? ¿Y cree que está metido en este agujero porque está frustrado con algo en su vida?

Y así se ponen a conversar por cuarenta y cinco minutos y el hombre todavía en el agujero, recordando a sus padres y la felicidad perdida y más asustado que nunca porque se hizo de noche. Y el terapeuta dice:

—Bien. Ya se nos ha acabado el tiempo. Pero si sigue aquí sintiéndose tan mal la semana que viene paso y podemos seguir conversando al respecto otros cuarenta y cinco minutos —y se va. 

Y el hombre ahí, ya llorando, con la receta del médico en la mano, con todos los pensamientos que el terapeuta había despertado en su mente y todavía en el pozo, desesperado.

Al rato escucha que pasa alguien silbando y empieza a gritar.

—¡Amigo! ¡Ayúdeme! ¡Estoy metido en este agujero y no sé cómo salir!

El hombre se asoma y alumbra con su linterna.

—¿Pero qué hacés ahí metido? ¿Cómo llegaste ahí, che?

—No sé… Venía distraído y me caí, pero no puedo salir y nadie me pudo ayudar. ¿Usted me puede sacar de acá?

—Claro que sí —dice el hombre y con una sonrisa salta al pozo. 

—¡No! ¡Qué hace! ¿Y ahora cómo vamos a salir de acá? ¡Estamos perdidos los dos! —exclama el hombre del pozo desesperado y se pone a llorar.

—No, querido, no te preocupes, que yo ya estuve en este pozo. Así que ya aprendí muy bien cómo tenemos que hacer para salir de acá. 




Todos estuvimos alguna vez en un pozo...

Cuando escuché esta historia algo hizo clic en mi cabeza. Y es que no importa cuánto lea, estudie o títulos tenga… No hace falta que esté preparada ni capacitada por catedráticos intelectuales, espirituales ni expertos en redes sociales. Con lo que ya viví, con los pozos en los que me caí y con todo lo que funcionó (o no) ya puedo ayudar a alguna incauta que viene por el mismo camino. 

Y es algo que, en la práctica, conmigo funcionó como en esta historia. Me ayudaron quienes habían estado en el pozo. Pero es fija que cuando nos agarra el inframundo y buscamos salir, la primera y casi única cosa que vamos a escuchar es “tenés que levantar el ánimo” (o la vibra o la energía). 

Y una que está ahí abajo, dando manotazos en el pantano para poder salir, se queda con la receta de médico que nos han pasado a modo de slogan en la mano: una receta infalible pero llena de garabatos inentendibles. Sí. ¿Pero cómo?

Ahí abajo, ante los garabatos, analizarse y pensar por qué nos caímos no ayuda mucho. No digo que esté mal analizarse, al contrario… Pero ahí en el fondo del pozo y con una rayita roja del 2% de vibra, no necesitamos un ladrillo de mil páginas ni cartelitos de Facebook que digan que creamos lo que creemos. Eso lo dejamos para cuando estamos muy alegres a la luz del sol. 

En el pantano, lo que necesitamos es una soga, o alguien que desde arriba nos haga la escalerita para subir. Porque si llegamos hasta ahí abajo es que ya ni siquiera podemos entender qué significa "energía", "vibra alta" o "ánimo". Pero podemos recordarlo. Y para eso están los que ya la vivieron.

Natalia Molinero

Por eso aquí dejo un par de sogas que a mí me ayudaron a levantar la vibra, la energía, el ánimo cuando estuve en el pozo y a recordar lo que vale la alegría y lo hermosa que es la vida. Y son sogas que todas tenemos en casa.

7 sogas para salir de cualquier pantano


1) Abrir las ventanas y dejar que entren el sol, la lluvia, el atardecer, la noche, aunque sea el smog y el ruido de afuera. No importa. Pero abrir el espacio, abrir(nos) al mundo. Y si podemos alzar los brazos al estilo ¡yay!, mejor. Ese gesto nos da un subidón de energía. Aunque no nos sintamos alegres, alzar los brazos y respirar hondo nos da fuerza y es como si nos oxigenara las ideas.



2) Ordenar el espacio. Si podemos limpiar a fondo, mejor. Cuando está nuestro espacio ordenado es como si nuestras ideas se ordenaran y pudiéramos salir de la sensación de pantano húmedo, rancio y oscuro. El aroma a limpio reconforta a todo el mundo también. Pero si no podemos limpiar, con ordenar y poner un sahumerio o prender una vela perfumada debería bastar para que nuestros demonios se tranquilicen un poquito.

Repeat crafter me


3) Darse un buen baño. Perfumarse. Ponerse crema. Ponerse algo cómodo que amemos usar. Si no nos podemos bañar en ese momento, puede servir lavarse las manos con mucha espuma y la cara con agua fría. Nos despierta y activa el ánimo contactar con el agua fresca y alguna sensación reconfortante como los jabones, espuma, toalla suavecita y limpia.

@lubomirkin


4) Detenerse a mirar cosas pequeñas, simples y bellas que nos rodean. Nuestra mascota mientras duerme, una planta al sol, las nubes, lo que estamos tejiendo, las personas que amamos, sus gestos, qué dicen, qué hacen. Pero mirarlo todo como si fuéramos una cámara de fotos: con atención, sin juicio y buscando “los mejores planos” para hacer click y sonreír ante nuestra nueva imagen. 


5) Escribir una lista de las cosas que logramos hacer, las cosas que conseguimos tener y los sueños que pudimos cumplir. Por un lado nos asombra siempre siempre ver esas listas, porque si nos ponemos a hacerlas con empeño vamos a descubrir que tenemos un montón de cosas y experiencias que alguna vez soñamos y que al conseguirlas ni siquiera nos dimos cuenta de estar cumpliendo un sueño. Tan en la vorágine quejosa que estamos. Por otro lado, reconectamos con las emociones y sensaciones de dicha, armonía y valentía que sentimos cada vez que logramos algo y así nuestras quejas y lamentos y autocompadecimientos pierden todo el sentido. Porque no lo tienen. Somos mucho más que eso. MUCHO.

@craftedbygc


6) Escribir una lista de cosas que agradecemos a la vida o a otras personas. El poder de la gratitud es que nos saca de cualquier pozo. Porque si sentimos gratitud es imposible sentir al mismo tiempo cualquier emoción negativa. Yo pensaba que se trataba de decirle gracias a la gente, pero es más que eso: es sentir en el cuerpo la sensación de “oh-my-god qué afortunada que soy por esto!” y querer que todo el mundo lo sienta. Eso es tren bala fuera del pozo. Sabelo. Así que hacete la listita y ¡agradecé!

@cmhedger

7) Escuchar música. Pero no cualquier música. No vale escuchar el disco de Charly que escuchabas con tu gran amor que te abandonó. Tampoco vale escuchar música zen que te adormece en la tristeza (creeme que lo probé y esa música es para cuando estás armónica, no para dejar de llorar, a menos que seas medio Buda). Yo hablo de escuchar esa música que sabés que siempre te levantó el ánimo, te hizo bailar o moverte o reír o que escuchaste en la mejor fiesta de tu vida mientras todos hacían el trencito y tocaban las maracas. Esa música digo. Algo Gloria Gaynor que quizás en un primer momento tu yo emo deteste escuchar, pero que si perseverás y te levantás de la silla y te movés un poco… te va a levantar el ánimo seguro. 




Seguramente habrá más sogas y para todos los niveles: inicial, intermedio y experto en pozos empantanados. A veces es indispensable la ayuda profesional porque el pantano es mucho más que eso... ¡Y no hay que dejarse estar para pedir ayuda! Pero éstas son las siete cosas que se me ocurren hoy y que tenemos más a mano, que podemos controlar y que podemos hacer en casi cualquier lugar y circunstancia en la que estemos bajitas de onda. 

Yo las pongo en práctica cada vez que me doy cuenta de que tengo que levantar la energía y no sé ni por dónde empezar; las fui aprendiendo con los años y con los consejos de la gente que ya había estado ahí... Y ahora tomo la posta.



Espero que no tengas que usarlas, porque significará que estás en un pantano, pero si ocurriera que te empantanás... Ya sabés, receta sin garabatos. ¡Y no te olvides de alzar los brazos al grito de ¡yay!!


Cariños, 

Cora King ♥





martes, 14 de noviembre de 2017

Una de escritores


¡Hola! No sé si sabrán, pero no siempre fui profe de tejido. Siempre tejí, pero durante casi toda mi vida me consideré solamente escritora. Escribí "cosas" desde los 7 u 8 años... Y escribo novelas interminables desde los 15. Empecé a tejer compulsivamente (lo que me llevó a terminar trabajando de esto) hace siete años, cuando entré al profesorado de letras y, oh, sorpresa, dejé de escribir.
No me quise anotar en la carrera de Letras porque en la práctica ninguno de mis escritores favoritos terminó la carrera. En las solapas de sus libros siempre dice: dejó la carrera de Letras para dedicarse a escribir. Y la rompió, les falta agregar. Entonces pensé que si estudiaba para profesora iba a adquirir herramientas interesantes como gramática, distintas literaturas, redacción, corrección... (aprendemos enseñando, ¿no?) Larga historia hecha corta: Sí, aprendí algo de eso y cosas hermosas dadas por profesores del cielo, pero el noventa por ciento de lo que aprendí tuvo más que ver con las distintas maneras en las que el perro de Pavlov salivó.
Y cómo planificar una clase con La Celestina que, si yo misma no me la trago, sé que nadie con 15 años se la va a tragar, se la des como se la des. Abandoné a los tres años de ver lo mismo en diez materias con distintos nombres. Punto.


Como toda historia de las que me gustan, tiene su final feliz. A mi amigo Fede Arriola lo conocí en Lingüística. Y es una de las cosas que me dejó la carrera trunca: el mejor amigo para hablar de libros, de escritores y del mismo escribir (o no escribir).

Hace un mes, él viviendo en Salta y yo en Buenos Aires, él arrancando una excelente carrera de profe de escritura creativa en las redes y yo pasando por un duelo y todas las ganas de volver a disfrutar, decidimos que yo escribiría una novela y que él me ayudaría a organizarme para escribir, para corregir... y para editar. Como fuera.

Genial. El único detalle: yo ya no tenía más ganas de escribir. Bueno, sí, las ganas sí, siempre están. Es lo que amo. Pero ya había colgado los guantes luego de siete años de bloqueos mentales, intelectuales, artísticos, emocionales, existenciales y muy pocas páginas con vida y color.


Fede, como buen amigo que es, me aceptó los duelos, los olvidos, los berrinches, los no puedo, los me rindo, los esto es una porquería, ya fue, sigo tejiendo. Y no sólo eso: con su paciencia de monje budista me ayudó a verme en ese personaje derrotista, victimizado y tan poco feliz... Y a recordarme que todo es una cuestión de perspectiva, de cambiar las palabras que me estaba diciendo y de ordenar la gramática emocional para ponerme a ESCRIBIR en vez de quejarme.


Ahora, con cinco capítulos de mi novela (unas 92 páginas) estoy en ese momento en el que siento: qué lindo, volvió el calorcito, el sol, el olor a pastito, me levanto temprano y escribo, o me acuesto tarde y escribo, releo los capítulos, los leemos en clase, hablamos de escritura, estoy todos los días en contacto con mi yo escritora, la de siempre, la que ya estaba sufriendo de más. Ahora estoy enamorada de nuevo de lo que más amo en la vida vital que es ESCRIBIR.

Y eso lo logra un genio como Fede, que tiene la sensibilidad y el ojo biónico para detectar detalles, la dimensión de los personajes (¡hasta el sol, la luna y el ascendente de cada uno!), todos los aspectos de la historia, del escritor y del lector, y al mismo tiempo sabe cómo organizarte en la cabeza el Tsunami de ideas creativas aireadas y voladas y ayudar a plasmarlas, a materializar, como buen capricorniano que es.

De verdad que estoy muy feliz con este taller, con este Cora King Escritora RELOADED.

Fede me está enseñando a disfrutar de cada párrafo, de cada diálogo, personaje y escena. Y no ando recomendando ni agradeciendo mucho en público últimamente, así que acá aprovecho y le agradezco ante el mundo por ayudarme a salir del bloqueo escrituril que padecí todos estos años y que ya me estaba haciendo sentir de terror.

¿Las recomendaciones?

Su curso online "Cómo organizar mi tiempo para escribir".

Su canal de Youtube, que no para de crecer en contenido, porque él da todo en cada video y en cada Facebook Live que hace: todo lo que aprende, lo enseña! Es un gran maestro!


Su Fanpage: Fede Arriola y su Instagram: @federmanuel

Síganlo en las redes y hagan lo que puedan con él: el curso, un taller online, un taller presencial, vean los vivos en Facebook o Instagram... Si escriben, les va a abrir mucho el panorama y van a aprender un montón, eso se los aseguro!



Siempre pensé que la escritura era un arte solitario y cerrado, pero ahora siento que tener un maestro que nos alumbre el camino en cada área de la vida es mucho más rico y artístico que sentarse sola a escupir el alma sin orden ni sentido. Y sentir el dolor de panza cuando no hay ya nada que escupir. ¿Hay alguien por ahí que sepa de lo que hablo?

Gracias por pasar y leer mis tejidos de palabras. Ustedes sí que se ganaron el cielo... jujuju!
Cora King (sí, por Stephen :)




jueves, 12 de octubre de 2017

Nuevo año... nueva vida... nuevos formatos...




¡Hola, hola, hola!


¿Cómo les va?

Yo hace días que vengo tratando de digerir y asimilar todo lo que pasó este año... Porque vieron que el 27 de septiembre fue mi cumple, y dicen que antes y después del cumpleaños hay que hacer un balance: antes, cerrar lo que ya no queremos para el nuevo año y después, arrancar lo que sí queremos. Y encima de eso cualquier astrólogo que se crucen les dirá que fue un año para trabajar en las relaciones. Con la pareja, con la familia, con los amigos, cómo nos relacionamos con el otro, con el mundo y con una misma. 

Bueno... En medio de tantas cosas que me cuesta hasta ponerlas por escrito, creo que casi inconscientemente he ido cerrando situaciones que ya no iban conmigo, trabajos que no me hacían feliz y vínculos que restaban en vez de sumar. 

Tuve que que soltar muchas cosas que me tironeaban y que yo seguía permitiendo por miedo a que no me quisieran más, reacciones de la gente, mandatos, demandas, enojos... Porque cuando cambiamos, la gente que nos rodea y que está acostumbrada a que seamos de tal manera, no nos entiende y se enoja. Y es natural, todos nos enojamos cuando no entendemos algo. El punto estaba, en mi caso, en no sufrir por el enojo del otro, la demanda del otro, los mandatos para "pertenecer" a tal grupo, a tal familia, a tal vínculo.

Pf... Estoy segura de que más de una me habrá visto más que rara en los últimos meses. Poco comunicativa, errática, un día sí y un día no. Y es que con todo lo que pasó este año toqué fondo de mí misma y dije SE ACABÓ. 





Me cansé de ser como era, dependiente, insegura, buscando aprobación constantemente como una nena de tres años, sufriendo si me miraban mal o me decían algo de mala forma, tomándome todo personal, haciéndome cargo de las emociones de todo el mundo (hola, luna en Libra, qué tal?) y pasando malos ratos por cosas sin sustancia, sin realidad, imágenes en mi cabeza. 




Ante la muerte de un ser querido todo eso desaparece. Todo lo sin sentido, lo sin sustancia, las imágenes mentales que son como cadenas y monstruos que nos acechan y nos hacen esclavas de todo lo que pase en el exterior, todo eso se convierte en una completa, absoluta, dramática estupidez. 

El otro desaparece. O al menos las ideas que teníamos sobre el otro: No somos eternos, nadie es eterno... ¿Qué catzo estamos haciendo con nuestra vida? ¿Viviendo la vida del otro? ¿O viviendo la nuestra?



En medio de toda esa sensación, porque más que preguntas son sensaciones que nos impulsan a salir corriendo, me refugié en una nueva aventura, con gente nueva que no me conocía para nada y que estaba ahí, como yo, muy rota y bastante cansada de emprender en soledad y de vivir para satisfacer a los demás (clientes, familia, sociedad, lalala). Fue la mejor idea que tuve en mil años. Posta.




Entré diciendo: Hola, soy Corita, tejo muñecos y no sé muy bien qué hacer con ellos porque no puedo tejer yo sola en cantidad para venderlos a dos pesos por hora de trabajo. 

Porque les confieso: Todo el mundo hablándome de mis muñecos, de mis revistas, de las maravillas de mis manos y la realidad era que con eso nunca comí y mientras más tiempo pasó, menos, porque me gasté y dejé de tejer a pedido, dejé de tejer para ferias, dejé de amar mi tejido. Dejé de tejer. Y eso no estaba bien. No está bien.


Así que, como pude, me banqué los sacudones del balrog, me puse el sombrero de Gandalf y me dediqué a cambiar. 

Si antes hacía todo para el afuera, empecé a hacerlo para mi adentro. 
Si antes a todo decía que sí, empecé a decir que no. 
Si antes me quejaba de que no sabía hacer tal cosa, empecé a aprender a hacerla. 
Si antes corría como hoja al viento siguiendo a los demás, empecé a quedarme quieta, a escuchar mi silencio, a ver qué me decía. 
Si antes decía: "yo ya lo sé", empecé a decir "no sé: necesito que me enseñes, por favor". 

Fueron cinco meses de estar en obras (al mismo tiempo que en el edificio cortaron el gas por pérdida y seguimos en obras, al mismo tiempo que partió un montón de gente alrededor, al mismo tiempo que aprendí a dejar ir y seguir). Fueron cinco meses de desmantelar y de reacondicionar mi mente y en consecuencia, mi vida. 

Algo que me ayudó un montón es que entré de cabeza al mundo online. Siempre me apasionó la virtualidad. Desde el 2000 vengo haciendo amigos, novios, recuperando familia y aprendiendo un montón de cosas. Todo online. 

Y este año, cuando más necesitaba salir a flote, YouTube fue mi aliado máximo. A veces con videos de coaches o maestros espirituales, a veces con tutoriales para hacer cosas, a veces con youtubers que se maquillaban o mostraban su día en un video. No hace mucho pude agradecerle y darle un abrazOso a Leandro Taub, que me había aliviado noches enteras de insomnio con sus videos para unir al mundo. 


Volver a leer también me ayudó un montón. Dicen que los grandes guías, líderes y mentores leen mucho, y ya lo creo. Leer y aprender es maravilloso. Así que me leí un montón de libros, desde desarrollo personal hasta filosofía, pasando por coaching, neurociencia y astrología. No le hago asco a nada. Todo suma. Reencontrar el placer de la lectura y las conexiones mentales que genera es algo que me apasiona tanto como la virtualidad. 



Me dediqué más tiempo. Menos Facebook y más Books, como dicen por ahí. Aprendí un montón de cosas nuevas y estudié online con personas maravillosas, llenas de conocimiento y experiencia para dar. 

Agarré de a poco la aguja de nuevo y me puse a tejer para un Workshop al que me invitaron en Rosario. Nada que ver, pensaba yo, porque es candy bar y yo nada que ver... Y al final... Todo que ver. Porque es hermoso compartir con emprendedoras el camino y apoyarse. Y cuando una emprendedora se me queda mirando con estrellitas en los ojos por algo que digo que para mí era obvio pero para ella es una revelación, yo tiemblo. Tiemblo y siento: esto es. Esto.



De la unión de todo eso terminé quitando el Corita que teje muñecos por el Cora King Coach de tejido y dejé de pensar en hacer todo yo, cobrando dos pesos la hora, para pensar en valorarme primero y luego hacer algo más grande que llegara a más personas y que les sumara todo aquello que yo estaba aprendiendo. 

Siempre me escriben para preguntarme con qué aguja o dónde comprar lana o qué patrón pueden conseguir para tal o cual cosa y a mí me encanta poder ayudar. Así que de alguna manera veré cómo transmitir todo lo que aprendí en este tiempo (y con cinco años de emprendimiento crochetero encima) para quien necesite la información y desee ahorrarse dolores de cabeza. 

Por ahora, se me ocurrió cambiar los talleres presenciales por cursos y talleres online, para que todas, aunque vivan lejos o tengan hijos y horarios raros, tengan la posibilidad de hacerlo. 




Y también se me ocurre que contando mis experiencias y mis procesos, acompaño a alguna que ande más o menos en la misma, sintiendo lo mismo y deseando lo mismo que yo: crecer, avanzar, ser feliz y hacer felices a los demás. 




Por eso les cuento mi verdad de la milanesa. Porque antes sólo quería centrarme en lo bonito y negar lo difícil, pero no existe lo bonito sin lo difícil y cuando estamos en lo difícil está bueno saber que un día se va a terminar y que de hecho, transitando lo más difícil, estamos construyendo un futuro más pleno y una felicidad más sostenida. 



Eso. 
Siempre hay alguien con la palabra, la mano extendida y la sonrisa justa para nosotras.
No estamos solas ♥
Yo estoy con ustedes cuando están conmigo ♥



Gracias gracias gracias 

Cora King